...impulso...


La noche no era menos oscura que la anterior, su soledad no lo era menos que los días pasados. Subió, como cada noche, a preguntar a la brisa fresca que corría por aquella envejecida azotea, por qué se sentía tan vacío. Flotando en el aire la misma pregunta cada veinticuatro horas, flotando en el aire, como a veces se veía. Apoyado con el pecho sobre el murete de aquella terraza, observaba la larga e iluminada avenida que cruzaba a sus pies, treinta y tres metros más abajo, era conducto de cientos de anónimos que por ella circulaban, absorvidos por si mismos y en sí mismo. Hormiguero de arrebatadas conductas, hormiguero de múltiples hilos. Hilera de luces rojas, hilera de luces blancas. Claxon! Los escaparates brillaban más en ésta época, igual que ese día más brillaba el firmamento en esa rutinaria oscuridad. Rutinario lo era todo, tanto como la espera y continuación ante el rojo de los semáforos. "¿Qué sentido tiene? Da igual seguir o no."  Vacilante se planteó el impulso. Flexionaba, sobre el murete, sus brazos cansados, soportando contrá él... el peso de su cuerpo, soportando en su mente.. el peso de su pensamiento, con la esperanza de que el impulso llegara... y proviniese de un tercero que le ayudara a acabar con aquello que su cobardía le impedía. Pero no tenía a nadie. Sólo se tenía a sí mismo. Amago. Vacilación. No sería esa noche. Tal vez no. Algunos corrían, apuraban sus compras. Algunos se sonreían. Otros se criticaban. Unos se besaban. Dos discutían. Y no le llegaban las palabras a la azotea que había hecho como suy, sólo ruido, pero las sentía, las imaginaba y las palpaba. Se empapaba de ellas como una esponja, intentando que llenasen su vacío, aunque el insulto, la caricia o la prisa no fuesen de él, intentaba atraparlos para sí, lo que le hundía más, al no poder hacerlas plenamente suyas, ya que bajaría de nuevo a su apartamento y la soledad sería su única vida. Quería vida, simplemente, pero tonteaba con su muerte, aunque para si mismo estuviera muerto en vida, que más daría acabar con su no-vida, si le daba igual hacerlo o no... pero algo se lo impedía, él mismo. Y cuando calló en la cuenta, sin venir a cuento... saltó.

6 comentarios:

MâKtü[b] dijo...

Queria vida pero tonteaba con su muerte...se lo penso, y caudno dejo de pensarlo salto evitanto que volviesen esos pensamientos.

Ni se te ocurra saltar, porque yo voy detras

Simplemente, se feliz ;)

n., dijo...

http://contralatiraniadelnumero.blogspot.com/2008/10/siempre-quise-saber-que-se-siente.html

Te invito a leerme.

Pili dijo...

me encanta...

Alonso Vegas dijo...

qué gusto leer algunas entradas con el saxofón. le da más estilo a lo que escribes.

Yo más que saltar, caería narcotizado por el saxo.

aLba dijo...

queda muy bien esa musica para cuando lees :)
un salud y felices fiestas

una pasajera + dijo...

fue el peso de su mente

demasiada vida pesa, a veces demasiado...
todo es nada y nada es todo...
pero hay algo más....tanto como nada!!!!
y eso es mucho... una gran inmensidad...
al otro lado marinero, ahí estamos... don´t worry, todo irá bien, tenemos mucho que llenar, más que mucho, muchísimo...
va un abrazo