paranoias varias e intentos de una nada
...
...impulso...

La noche no era menos oscura que la anterior, su soledad no lo era menos que los días pasados. Subió, como cada noche, a preguntar a la brisa fresca que corría por aquella envejecida azotea, por qué se sentía tan vacío. Flotando en el aire la misma pregunta cada veinticuatro horas, flotando en el aire, como a veces se veía. Apoyado con el pecho sobre el murete de aquella terraza, observaba la larga e iluminada avenida que cruzaba a sus pies, treinta y tres metros más abajo, era conducto de cientos de anónimos que por ella circulaban, absorvidos por si mismos y en sí mismo. Hormiguero de arrebatadas conductas, hormiguero de múltiples hilos. Hilera de luces rojas, hilera de luces blancas. Claxon! Los escaparates brillaban más en ésta época, igual que ese día más brillaba el firmamento en esa rutinaria oscuridad. Rutinario lo era todo, tanto como la espera y continuación ante el rojo de los semáforos. "¿Qué sentido tiene? Da igual seguir o no." Vacilante se planteó el impulso. Flexionaba, sobre el murete, sus brazos cansados, soportando contrá él... el peso de su cuerpo, soportando en su mente.. el peso de su pensamiento, con la esperanza de que el impulso llegara... y proviniese de un tercero que le ayudara a acabar con aquello que su cobardía le impedía. Pero no tenía a nadie. Sólo se tenía a sí mismo. Amago. Vacilación. No sería esa noche. Tal vez no. Algunos corrían, apuraban sus compras. Algunos se sonreían. Otros se criticaban. Unos se besaban. Dos discutían. Y no le llegaban las palabras a la azotea que había hecho como suy, sólo ruido, pero las sentía, las imaginaba y las palpaba. Se empapaba de ellas como una esponja, intentando que llenasen su vacío, aunque el insulto, la caricia o la prisa no fuesen de él, intentaba atraparlos para sí, lo que le hundía más, al no poder hacerlas plenamente suyas, ya que bajaría de nuevo a su apartamento y la soledad sería su única vida. Quería vida, simplemente, pero tonteaba con su muerte, aunque para si mismo estuviera muerto en vida, que más daría acabar con su no-vida, si le daba igual hacerlo o no... pero algo se lo impedía, él mismo. Y cuando calló en la cuenta, sin venir a cuento... saltó.
...desde mi azotea...
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...stand by me...

...trilero...

Cartas desde el Mediterráneo I
Pablo Picasso
donde al principio
El Caballero de la Triste Figura y la Coraza de Hielo.
Pongamos que hablo de... (Parte I)
para recordar lo nuestro,
nuestro afer desenfrenado,
en el año dos mil cuatro.
Casi un año en tus brazos,
meciéndome borracho,
perdido en el metro,
ahogado en mi batiscafo.
Me recibes llorando,
supongo que es normal,
en tus calles me ciegan
las luces de tu amar.
Recordamos viejos tiempos
de huidas tan intensas...
de momentos tan crueles...
y que vivimos tan de cerca...
Hoy también lloras por ellos,
almas inocentes.
Mi recuerdo a los valientes
por la pesadilla permanente,
de la barbarie vivida.
La imagen siempre eterna,
y es que nos tocó de cerca
el momento,
y la Avenida.
Los llantos
y las prisas.
Ay amor!
en ti descubrí a Italia, a México, a Marruecos
y a tantos otros...!
Hoy hablaré de Italia.
Italia se llama Cristina.
Cristina se llama espíritu,
se llama CONFIDENTE,
se llama AMIGA, (y con mayúsculas me quedo corto)
se llama puerta a otros mundos.
Cristina tiene mil nombres
todos ellos buenos,
todos ellos sabios.
Hoy lloras también por ella,
es normal...
tu noche la hecha de menos,
tus parques por supuesto,
en los domingos de "poco viento",
Valderribas 7 también,
yo la hecho de menos,
"OooOhhh Ciao bella ciao..."
Y es que mi amada...
Nuestro amor DURÓ,
lo que DURE MI vida
nuestro amor se selló...
el día de mi huida.
Madrid, descansa...
y...
como dices cuando te abandono,
"Hasta pronto"