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...desde mi azotea...

Locuras sin desmesuras que me alejan de la tortura que no alcanzo a ver por encima del muro que yo mismo construí, que duro sobrepasar, cuando... al hacerlo... traspasas a otro en lo más hondo de su todo.  Reniego de lo habido y lo por haber, ya que en su morder no tiene más que veneno de piel en hiel de escarcha convertida, en el vacío de la vida que no encuentra placer... al no poder querer como siempre quise yo hacer. No se verá mi calma alerta más que cuando nada me advierta que nada esté aquí. Suena Ray Charles. Todo se inunda de nostalgia, inundación provocada por el más sentido consciente del pesar abatido de la floja paja de la tremenda agudeza del soñar no despertado. No será ésta la noche en que haya de morder la piel para incrustar en su ser el veneno de mi perder. Veré crecer, como ayer vi morir, las hojas del jardín en que nunca yo podé... ni los setos, ni el ayer. "Volverán las oscuras golondrinas en mi balcón" las putas a cagar, como desgracian la suerte del que las ve pasar... rodeadas de libertad en un soñar sin mar, sólo viajar por incrustar en su mente un lugar que las vea pasar en su vuelo de liberación permanente, con la redención ausente del que se sabe consciente de su sencillo y humilde flotar en aras de la sobrepasada lealtad que ha de concurrir en el ancho hangar de tu triste quedar. No será ésta la noche que yo las vea pasar, y desde mi balcón, al soportal, me habré de nuevo tirar en el soñar de la ansiada levedad que sólo el volar me dará.