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El discurso típico.

Los amigos no están siempre. Sólo están cuando realmente los necesitas. Eso son amigos. Sin saber por qué, pero ese día... están ahí. Fruto de la casualidad, de la empatía o más bien de la telepatía del grito mudo que a veces se nos escapa mentalmente. No es ciencia, es vida,  y ese día... están. Aunque lleves días, meses, años sin verlos, de repente... están, aparecen o se hacen aparecer, fruto de la telepatía. Eso tiene nombre. Hilos. Invisibles, como sabéis, pero hilos. Se muestran y te regalan abrazos, una sonrisa, una hora de no pensar en nada y en todo a la vez, de pensar en lo que realmente quieres pensar. Aparecen y te regalan su tiempo. ¿Qué mejor regalo que lo más preciado de toda vida? El tiempo. Pueden estar cansados ese día, pero están. Pueden estar más jodidos que tú, pero están, y lo callan. Pueden ser las personas más alegres, y se igualan, o te aupan. Lo que necesites. Nunca piden nada a cambio, salvo tu amistad. No te juzgarán por lo que eres, o por lo que representes, y te defenderán siempre de quienes te juzguen. Lo único que juzgarán... será tu acción, tu actuar, y lo harán con intimidad, sinceridad, claridad, honestidad y comprensión, para que en un futuro,  no cometas los mismos errores y no vuelvas a estar jodido. Porque un amigo, de tí, sólo quiere tu amistad... y tu sonrisa. Pídele lo que necesites y te dará el doble de lo que pediste, y tú, luego ,el cuátruple, y así se va forjando la amistad. Con el límite de que un amigo no es egoísta, y no pide del otro lo imposible o perjudicial para él, y si lo pide, por algo será, y siempre se intentará dar. Dar. Qué difícil. Por eso crea lazos tan fuertes. No hace falta dar dinero, bienes materiales... dar una palabra, un gesto, un consejo, un abrazo, dar un impulso. Incluso se da sin querer, simplemente por el desarrollo de la amistad misma. Se da sin pensar y sin valorar que se da, pero el otro sabe que se da, y mucho muchas veces. Me faltaban manos... y ahora me sobran dedos... es el camino quien los va eliminando y te enseña a elegir, y a que te elijan, pues esto es mutuo y solo depende de la buena voluntad. Y de los hilos.