Derruído me encuentras ahora entre cascotes de supremacía. Te temía, te anhelaba, y en el fondo de mi ser... siempre te he esperado, porque... sabía que volverías. Sabía que lo harías y ocuparías todas mis horas muertas, todas aquellas que luchan por vivirme. Me tienes entre pendiente y expectativo de a qué vienes esta vez. Sabía que volverías, en lo más profundo de mi ser, allí donde nadie llega realmente, salvo yo, y no siempre es así. No me tortures, antaño aprendimos tú a ser mi pacífica compañía, yo a ser tu amigo de necesidad.
...son sólo rachas...
Bienvenida de nuevo, amiga.